Mientras Estados Unidos centra su atención en los carteles de la droga en México, una nueva investigación de la Universidad de California, Davis, sugiere que la violencia derivada de la creciente competencia entre organizaciones criminales está vinculada con un aumento en los riesgos que enfrentan los migrantes en la frontera norte.
"Los migrantes enfrentan peligros significativos en todas las regiones fronterizas donde operan las organizaciones criminales, pero cuando los grupos rivales luchan por el control territorial, esos peligros se intensifican drásticamente", señaló Oscar Contreras-Velasco, autor del estudio y profesor e investigador de sociología en la Facultad de Letras y Ciencias de UC Davis.
Este aumento de la violencia, explicó Contreras-Velasco, puede desviar a los migrantes hacia rutas más peligrosas, poniendo sus vidas en mayor riesgo. El estudio se publicó en la revista académica Social Forces.
Corredores de los carteles cerca de 23 ciudades mexicanas
El estudio analizó datos del gobierno mexicano sobre violencia armada, datos del gobierno estadounidense sobre control fronterizo, informes de prensa y casi 5,000 respuestas a encuestas de migrantes. Contreras-Velasco examinó cómo la violencia entre organizaciones criminales afecta el riesgo para los migrantes en las rutas de tráfico de drogas y personas cerca de 23 ciudades mexicanas entre 2015 y 2019.
El algoritmo de aprendizaje automático del estudio agrupó los datos y reveló que las ciudades a lo largo de la frontera este entre Estados Unidos y México, compartida con Texas, presentan índices de riesgo más altos que las ciudades del oeste del país, que colindan con Nuevo Mexico, Arizona y California.
Para identificar un vínculo entre los niveles de violencia y la competencia entre organizaciones criminales, el investigador utilizó las tasas de homicidios masculinos, que sirvió como indicador de la violencia de los carteles. Dado que la mayoría de las víctimas de las disputas territoriales son hombres, los picos en esta tasa específica reflejan eficazmente la intensidad del conflicto entre grupos criminales, información que de otro modo sería imposible de obtener directamente.
La intensidad de la vigilancia fronteriza estadounidense, medida a través de los encuentros entre la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE. UU. y los migrantes, influye tanto en el poder de las organizaciones criminales locales como las rutas que eligen los migrantes.
El aumento de la seguridad hace que el cruce independiente sea casi imposible, obligando a los migrantes a recurrir a contrabandistas profesionales. Esto transforma la migración en una lucrativa fuente de ingresos para los carteles, alimentando precisamente la competencia y la violencia que pone en peligro a los migrantes.
Peligros al cruzar la frontera
El estudio revela que los migrantes enfrentan peligros en todas las regiones donde operan grupos criminales, pero este peligro se intensifica drásticamente cuando el control criminal se fragmenta y los grupos rivales luchan por el territorio. Este aumento de los conflictos incrementa las probabilidades de que los migrantes sufran extorsión, agresión o abandono. También puede orillarlos hacia zonas más inhóspitas, donde enfrentan aún más riesgos.
El análisis se basa en datos de 4.945 migrantes y recoge una amplia gama de información demográfica y detalles de su viaje hacia el norte. Los datos cuantifican los peligros que enfrentaron ellos y sus compañeros de viaje:
- 1.449 estuvieron expuestos a temperaturas extremas
- 676 fueron abandonados por el guía o “coyote”
- 887 carecieron de acceso a alimentos o agua
- 419 se perdieron durante la travesía
- 358 corrieron el riesgo de caer de acantilados o colinas
- 238 corrieron el riesgo de ahogarse
- 188 fueron atacados por animales
- 155 fueron agredidos físicamente
Cuando los carteles asumen el rol del Estado
Una de las principales razones por las que los carteles son un factor determinante en los riesgos que enfrentan los migrantes es que han comenzado a actuar como un cuasi-Estado depredador. Pueden imitar las funciones estatales — como controlar el territorio, vigilar la entrada y cobrar cuotas a quienes pasan — pero lo hacen mediante la coerción y la violencia.
“Estamos presenciando una fragmentación de la soberanía”, señaló Contreras-Velasco. “Las autoridades locales a menudo se ven abrumadas o cooptadas, dejando a los migrantes completamente expuestos a merced de los grupos criminales que luchan por el control”.
Estos resultados sugieren que la vigilancia fronteriza o la desarticulación agresiva de las redes criminales podrían tener consecuencias imprevistas, advirtió. Las políticas públicas eficaces deben incluir estrategias que aborden los factores estructurales del crimen organizado, fortalezcan la gobernanza local y fomenten la cooperación binacional, añadió.
“Cuando el Estado no gobierna estas zonas fronterizas, los grupos criminales intervienen para imponer su propio orden violento”, concluyó Contreras-Velasco. “Estos hallazgos brindan una idea de cómo el crimen organizado puede imitar las funciones del Estado a través de cuotas, extorsiones y la imposición de reglas, pero de una manera coercitiva y violenta”.
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